Diversas organizaciones y activistas por los derechos humanos encendieron las alarmas este miércoles 10 de junio al denunciar que el grupo de presos políticos recientemente trasladado desde la sede de El Helicoide hasta la cárcel Hombre Nuevo Libertador (penal de Tocuyito, en el estado Carabobo) se encuentra bajo un estricto régimen de aislamiento e incomunicación desde hace siete días.
El expreso político Nikoll Arteaga advirtió sobre la opacidad que rodea este procedimiento, señalando que las autoridades penitenciarias no han revelado ni el número exacto de reclusos movilizados ni sus identidades. Según detalló, los detenidos permanecen confinados en el área denominada de “reflexión”, una zona que teóricamente debería servir para el diagnóstico previo de los internos, pero que en la práctica es utilizada como un calabozo de aislamiento indefinido donde los privados de libertad quedan expuestos a tratos crueles.
Por su parte, Kennedy Fernando Tejeda, miembro del Foro Penal Carabobo, explicó el contraste entre lo que dictan las leyes venezolanas y el panorama real que enfrentan los detenidos:
- Lo que dice la ley: El Artículo 41 del Código Orgánico Penitenciario estipula que los centros deben tener secciones diferenciadas de observación. Allí, los reclusos no pueden pasar más de 30 días, tiempo durante el cual se les deben realizar exámenes físicos, clínicos y psicológicos obligatorios.
- La práctica denunciada: Tejeda —quien vivió la experiencia de la prisión política entre agosto de 2024 y enero de 2026 en la cárcel de Tocorón— denunció que estos protocolos médicos casi nunca se cumplen y se limitan a entrevistas burocráticas, ignorando las patologías previas de los internos.
Los defensores de derechos humanos manifestaron su profunda preocupación debido a que a ninguno de los trasladados se le ha permitido establecer contacto telefónico con sus familiares o abogados, rompiendo el debido proceso y encendiendo las alertas sobre posibles torturas psicológicas.
De acuerdo con los testimonios de exreclusos, estas áreas de aislamiento suelen carecer de las condiciones mínimas de habitabilidad: no hay acceso constante a agua potable, la alimentación es deficiente y no se proveen insumos básicos de higiene como jabón o papel higiénico. Los activistas concluyeron que estos espacios funcionan como centros de amedrentamiento y castigo, donde cualquier exigencia de derechos fundamentales es respondida con vejaciones, golpes o un mayor aislamiento.





