Erika María Herrera, la mexicana de 63 años acusada de asesinar a la exreina de belleza Carolina Flores, calificó el crimen como un «accidente» provocado por un objeto que describió infantilmente como un «juguetico».
Tras su captura en Caracas, la frialdad de Herrera ha dejado atónitos a los investigadores del Cicpc. Según el director del cuerpo detectivesco, Douglas Rico, la mujer evitó en todo momento utilizar términos legales para referirse al arma de fuego, insistiendo en que el disparo fatal fue una casualidad vinculada a una pertenencia dejada por su difunto esposo.
«Ella habló de un juguetico… mostró una actitud impropia de alguien que acababa de cometer un hecho horrendo», señaló Rico, destacando la postura desafiante y calculadora de la detenida.
La reconstrucción de los hechos revela una entrada estratégica al país. Herrera aterrizó en Venezuela el pasado 16 de abril, alojándose de forma itinerante en hoteles de La Guaira y La Candelaria para evadir el rastro de las autoridades. No fue sino hasta el 28 de abril cuando una operación de inteligencia coordinada entre México y Venezuela permitió su ubicación definitiva.
Uno de los puntos ciegos de su relato es el origen del armamento. Herrera alega «no recordar» dónde dejó el objeto, mientras que el Cicpc analiza con cautela cómo obtuvo el arma, dado que es imposible que ingresara con ella en un vuelo comercial desde México.





