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Accidente Aéreo, vuelo 742 de Viasa, que dejó 155 fallecidos

Al mediodía del domingo 16 de marzo de 1969 en Maracaibo estalló un caos, se vería involucrada en una tragedia aérea de incalculables dimensiones llenó de luto a la tierra del sol y a Venezuela, donde morirían personajes notables como lo fue, Don Antonio Herrera Gutierrez, propietario del equipo Cardenales de Lara en aquella época, Carlos Santeliz, pelotero del equipo Cardenales de Lara y Néstor «Látigo» Chávez, lanzador del equipo Navegantes del Magallanes y prospecto del equipo Gigantes de San Francisco. La hizo noticia en el mundo, cuando un avión DC 9 de Viasa cayó entre la urbanización La Trinidad y el barrio Ziruma.

Aeropuerto Grano de Oro.

A pocos minutos del despegue, la aeronave que cubría el vuelo 742 se precipitó a tierra. Nunca debió despegar. El avión no voló. A duras penas rebasó la cerca del aeropuerto Grano de Oro y se estrelló. La incertidumbe, el pánico, la muerte y el dolor siguieron al hecho.

Cuarenta años se cumplirán mañana de ese episodio, el más funesto de la aeronáutica venezolana y de la época. Se registra como la tragedia aérea número 52 de la aviación civil.

Ese siniestro paralizó a Maracaibo y, siete días después, entre las investigaciones y la recolección de restos humanos —principalmente carbonizados— era lento para los ciudadanos volver a la rutina, pues Maracaibo seguía conmocionada.

Todavía en la mente de sobrevivientes y testigos, la imagen es vivida nuevamente, como también les resulta perceptible el olor que inundó a la ciudad: una mezcla de combustible y carne quemada.

La historia, contada en las voces de algunos testigos, mantiene aún una incógnita: ¿Qué ocurrió con la aeronave y en su carrera de despegue que provocara la tragedia?

simulación

En un ejercicio de recuento basado en los testimoniales recogidos, se recuerda que el avión arribó desde Maiquetía a Maracaibo, estuvo 12 minutos, antes de retomar la ruta hacia Miami, el destino final.

Cuando arribó —con 46 pasajeros y 10 tripulantes y aterrizó en Grano de Oro— ya se avizoraba algo extraño. Algunas personas presentes en el terminal aéreo, para despedir a familiares y amigos, notaron cómo el jet DC 9 de Viasa entraba al lugar llevándose, con la cola del aparato, las ramas de unas matas de mango, sembradas en la avenida. Éso ocurrió después de sobrevolar el cementerio Corazón de Jesús.

Algo pasaba con el avión que el 10 de marzo de ese año inició vuelos con su recién obtenida permisología. La inquietud acompañó a los testigos. Algunos se acercaron al avión, ya en pista. Lo vieron surtirse de combustible para el abordaje de 27 personas más. Vieron con asombro cómo le quitaban las ramas de la cola.

No hubo explicación. Todo siguió el curso de la rutina. Reabastecimiento de combustible, abordaje, permiso y carrera de despegue.

“Yo vi cuando el avión le llegó a las matas y entonces aterrizó. Fui a revisar por mi cuenta la barriga del avión, pero no encontré nada anormal. De todas maneras, fue un aterrizaje muy raro, porque entró demasiado bajo a la pista, igual que cuando despegó de nuevo”, contó a este diario, hace 20 años, Remo Banfiglioli, jefe de mecánica del Aeroclub Maracaibo en 1969.

El recorrido por los 2.000 metros de la pista principal de Grano de Oro empezaba y con ella también arrancó una ruta hacia la fatalidad.

Archivos

Una conjugación de elementos fraguaron la tragedia: versiones señalan que el avión, por efectos del equipaje, el pasaje y los 28 mil litros de combustible cargados para operar en Grano de Oro, iba con el máximo de su peso: 108.000 kilos.

Difícil resulta verificar o descartar ese dato porque quien pudiera hacerlo, el despachador de vuelo, también murió en la tragedia. Su labor ameritaba ejecutar la misma faena —despachar— en Miami para retornar nuevamente a Venezuela.

Una segunda suposición dispara hacia el error humano. Hacia la tripulación que ese día fue capitaneada por Emiliano Savelli Maldonado, jefe de operaciones de Avensa.

Existen versiones sobre el reto o, mejor dicho, la osadía asumida por Savelli Maldonado, en querer levantar vuelo en el DC 9 a sabiendas, según testimonios, que el capitán de la aeronave, Harry Gibson (y quien comandó ese jet tres días antes del accidente) se negó a tripularlo porque la longitud de la pista marabina era muy ajustada para elevar la nave.

Quienes le conocieron, entre ellos, Amelia Lara, controladora aérea, y quien ese domingo le dio el permiso para el despegue, desde la torre de control, recuerda a Savelli como “un buen profesional, excelente persona y con más de 25 años de experiencia”.

También las indagaciones viraron hacia la pista. Sus 2.000 metros , según expertos en aeronáutica, eran insuficientes para esos equipos.

“Era una pista muy corta para ese tipo de avión, que requería al menos 2.500 metros o más para despegar. A simple vista no salía y éso se dijo. Nadie hizo caso. Necesitaba para los pasajeros que llevaba, el equipaje y la carga de combustible más espacio”, dijo un piloto que laboró en Grano de Oro.

Dejo más de 155 fallecidos, no hubo sobrevivientes del avión.

Pero ,la nave siguió la carrera para el ascenso, aproximadamente, a las 12:05 de la tarde.

El personal de la torre, familiares y otras personas desde lugares aledaños al aeropuerto vieron cómo, en minutos, el accidente se convertía en una “película” en vivo que dejó, oficialmente, 155 muertos. Les presentamos en esta infografía el siniestro en detalle.

“La aeronave se ‘comió’ el 80% de la pista”: torrera Lara

Desde el jet DC 9 , el capitán Emiliano Savelli Maldonado solicita permiso a la torre de control para despegar. Ese día, 16 de marzo de 1969, Amelia Lara, la única mujer “torrera” en Latinoamérica y en Venezuela para esa fecha, controlaba el tráfico aéreo en Grano de Oro.

“Solo me llamó de la cabecera de la pista: ‘Amelia, autorízame el despegue’, me dijo. Le contesté: ‘Autorizado’. Entonces, hizo su carrera. Vi que pasó frente a la torre, que quedaba a mitad de la pista , vi que el avión no despegaba, sino que corrió y seguía corriendo. Se comió el 80 % de la pista. Me quedé… Fue angustiante verlo sin poder hacer nada”, evoca Lara, testigo de la tragedia.

Archivos.

Desde su casa, en Caracas, cuenta a PANORAMA que el aterrizaje fue normal. Antes lo había hecho un vuelo que era diario, el 519. Todo normal. El avión despegaba siempre al pasar la torre de control. Ese día cuando vi que se comió toda la pista. Ya yo sabía (el desenlace). Claro que él (Savelli) trató de sacarlo; pero, había un poste de electricidad, fuera de la pista, en la calle, por donde está el barrio Ziruma y la turbina izquierda la pegó contra el poste. Éso influyó en que se le reventara la turbina y él avión cayó invertido, como dicen cayó ruedas arriba”, rememora quien fuera controladora por siete años en Zulia y acumuló 32 años de servicio. Recuerda que tres días antes, ese mismo DC 9 despegó muy bajito porque la longitud de la pista, según su percepción, era corta y no llegaba a los 2.000 metros.

CUENTA REGRESIVA A LA TRAGEDIA.

A las 10:30 a.m. del domingo 16 de Marzo de 1969, con 46 pasajeros abordo, 10 tripulantes y 17.000 libras de combustible, el vuelo 742 de Viasa despega rumbo a Maracaibo, el cual llega a las 11:30 a.m. Algunos testigos aseguran que el avión tropezó o succionó ramas de unos árboles cercanos a la pista. Luego de estacionarse en la zona de vuelos internacionales del Aeropuerto de Grano de Oro, se realiza una parada de 30 minutos

A las 11:45 a.m. se escucha el último llamado para abordar el vuelo 742, se han registrado 27 pasajeros para la escala en Maracaibo. El avión es recargado hasta las 28.000 libras de combustible y se le dan los últimos toques técnicos.

Durante el rodaje, el avión entró a la pista por una calle de rodaje y no llegó a la cabecera, restándole 400 metros de recorrido a la carrera de despegue, finalmente los pilotos inician el despegue a las 12:00 p.m.

El avión carretea por la pista pero le cuesta elevarse, muchos tienen un mal presentimiento. Finalmente logra elevarse a escasos 10 metros de altura al final de la pista, parece que va elevarse con normalidad, pero, en medio de la lucha por alcanzar altura, el motor izquierdo choca con un poste cercano al antiguo Cine Capitolio, más adelante, cuando el aparato ingresa a la Urbanización La Trinidad, un reflector de una pequeña cancha de basket rasga los depósitos de combustible, derramándolo sobre los presentes que observan sorprendidos lo que sucede. El avión de Viasa, ya no enfilaba su proa hacia el cielo, en su camino aparece un poste con 2 transformadores, el cuál recibe el impacto de la aeronave, causando la explosión de los tanques de combustible y el motor izquierdo se incendia, el ala izquierda se desprende y cae sobre una de las casas afectadas. Finalmente, el avión fuera de control se estrella de forma invertida en una vereda de la Urbanización La Trinidad, seguido de una gran explosión que fue vista en toda la ciudad, el fuerte impacto hizó que el motor izquierdo se desprendiera y cayese sobre la casa del reconocido jugador de volley Lino Connell matando a casi todos sus ocupantes. Fallecieron los 74 pasajeros y 10 tripulantes más 71 personas en tierra, totalizando 155 víctimas fatales haciendo de este el peor accidente aéreo de su época. En menos de 24 horas, había corresponsales de todo el mundo en La Trinidad.

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