La crisis inflacionaria en Venezuela mantiene una trayectoria ascendente que continúa erosionando la capacidad de consumo de los ciudadanos. Según el reporte más reciente del Inflaciómetro de Cedice Libertad, al cierre de mayo, la inflación interanual en bolívares alcanzó el 667,35 %, una cifra que, en palabras del economista Óscar Torrealba, implica que los precios se han multiplicado por ocho en apenas un año.
Uno de los puntos más críticos del informe es el comportamiento de los precios en moneda extranjera. Contrario a la creencia de que la dolarización de facto protege el poder adquisitivo, la inflación interanual en divisas se situó en 52,96 %. Aunque durante el último mes se registró una leve corrección a la baja del 1,89 %, el economista advirtió que la dinámica de precios en dólares que experimenta el país es «atípica y abrupta» al compararla con el resto de la región.
El alza inflacionaria de mayo estuvo impulsada principalmente por el sector transporte, el cual reportó un incremento del 10,62 %. Este aumento funciona como un factor multiplicador, ya que encarece la logística de distribución, impactando directamente en los costos finales de alimentos y servicios básicos.
El impacto social de estas cifras es contundente: el costo de la canasta básica se ha despegado drásticamente de los ingresos reales de la población. Actualmente, un ciudadano requiere de 7,2 salarios integrales de referencia para cubrir los productos de primera necesidad. Esta brecha profundiza las dificultades económicas de las familias venezolanas, en un entorno marcado por la volatilidad cambiaria y la persistente distorsión de los mercados locales.



