Las tensiones en Oriente Medio escalan de forma abrupta tras la confirmación, por parte del Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM), de una nueva oleada de ataques aéreos dirigidos contra posiciones de la Guardia Revolucionaria iraní.
La ofensiva militar se produce como respuesta directa a los recientes movimientos hostiles atribuidos a Teherán, que incluyeron el intento de fondeo de minas marinas en el estratégico estrecho de Ormuz —actualmente despejado— y el lanzamiento de un bloque de ocho misiles interceptados con éxito contra una base militar estadounidense en Jordania. El presidente Donald Trump advirtió públicamente que estas acciones responden a un acto justificado y lanzó una severa advertencia a la República Islámica de Irán de enfrentar represalias de mayor intensidad si decide contraatacar, añadiendo que se evalúan operaciones de mayor envergadura.
Del lado iraní, el Estado Mayor de las Fuerzas Armadas y la Guardia Revolucionaria emitieron comunicados conjuntos condenando la agresión y prometiendo imponer un «alto precio» a las fuerzas estadounidenses en la región, mientras se reportaban detonaciones en puntos clave como la ciudad portuaria de Bandar Abbas y la isla de Qeshm.
Este nuevo episodio rompe la relativa tregua mantenida desde la ofensiva coordinada a finales de febrero, evidenciando que los enfrentamientos y las fricciones geopolíticas entre ambas naciones continúan latentes en torno a las rutas comerciales del Golfo Pérsico.






