Evaluaciones técnicas especializadas en el Parque Nacional Waraira Repano (El Ávila) determinaron que los movimientos de tierra registrados tras el doble terremoto del 24 de junio se limitan a capas superficiales de suelo y vegetación, descartando daños estructurales en el macizo rocoso. Sin embargo, expertos y autoridades ambientales mantienen restricciones de acceso y piden vigilancia estricta ante el impacto de la temporada de precipitaciones.
Feliciano De Santis, presidente de la Sociedad Venezolana de Geólogos, explicó que las réplicas menores a magnitud 4,5 no poseen la fuerza para desestabilizar la roca madre, pero advirtió que el peligro real radica en la combinación de material suelto y lluvias acumuladas superiores a los 200 milímetros por semana, lo cual podría obstruir quebradas y generar aludes torrenciales, a pesar de las canalizaciones construidas tras el deslave de 1999.
Ante este escenario, el Ministerio para Ecosocialismo ratificó que el ingreso para senderistas y deportistas sigue limitado exclusivamente hasta el nivel de guardaparques, debido a los desprendimientos continuos generados por las más de 1.400 réplicas acumuladas, principalmente en las cabeceras de los ríos del lado capitalino. Por su parte, la conservacionista Karen Brewer-Carias instó a las comunidades a activar planes de evacuación y vigilancia visual permanente en los cauces ante cualquier variación en el volumen o coloración del agua.





