El Ministerio Público publicó formalmente este martes los resultados de los análisis forenses practicados al cadáver de Víctor Hugo Quero Navas, el preso político cuya muerte ocurrió en el Centro Penitenciario El Rodeo I. El informe oficial emitido por las autoridades, respaldado por rigurosas pruebas genéticas procesadas por el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC) que arrojaron un 99,496% de certeza, le confirmó a la señora Carmen Teresa Navas lo que ya representaba una dolorosa sospecha familiar: los restos exhumados en días pasados corresponden plenamente a los de su hijo.
De acuerdo con las especificaciones técnicas contenidas en el documento fiscal, la data de muerte del ciudadano se ubica cronológicamente entre los 10 meses y un año de evolución, mientras que la causa médica del deceso fue dictaminada como un tromboembolismo pulmonar. El reporte de la patología forense aseguró que, tras las evaluaciones de los restos, no se evidenciaron ni encontraron lesiones de carácter traumático en la estructura del cadáver, intentando con ello descartar indicios de violencia física directa antes del fallecimiento.
Sin embargo, detrás de los fríos tecnicismos científicos y las cifras estadísticas presentadas, el comunicado de la Fiscalía General de la República deja vacíos profundos que han despertado duras críticas entre las organizaciones defensoras de los derechos humanos. La institución describe detalladamente el desenlace fatal del privado de libertad desde la perspectiva médica, pero evita pronunciarse de manera institucional sobre las graves omisiones administrativas y de custodia que rodearon el caso desde el año pasado.
El texto oficial no contiene una sola mención que aclare los motivos por los cuales se le ocultó deliberadamente la verdad a la madre de la víctima durante tantos meses, impidiéndole conocer el paradero del joven. De igual manera, el Ministerio Público obvió señalar o abrir procedimientos de investigación contra los funcionarios penitenciarios y de salud que presuntamente habrían ignorado las alertas del recluso sobre un severo problema gástrico crónico que padecía, afección que, según denuncias previas de sus familiares, detonó la crisis de salud que finalmente le costó la vida dentro del penal mirandino.





