La segunda vuelta presidencial en Perú mantiene en vilo a toda la región. Con el 92,86% de las actas procesadas por la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), la candidata de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, conserva una ajustada ventaja al registrar el 50,11% de los apoyos frente al 49,89% obtenido por el aspirante de izquierda Roberto Sánchez, consolidando una de las jornadas electorales más reñidas en la historia del país.
La brecha entre ambos contendientes se sitúa por debajo de los 50.000 sufragios y se ha venido reduciendo progresivamente a medida que avanza el escrutinio. Horas antes, con el 92,15% de los datos computados, la distancia en favor de la líder conservadora superaba los 80.000 votos (50,2% contra 49,8%); sin embargo, el ingreso de las actas provenientes de las zonas rurales ha favorecido el repunte del candidato izquierdista.
El desenlace de la contienda depende ahora de dos factores determinantes que avanzan con lentitud: el procesamiento definitivo del voto rural profundo, donde Sánchez muestra su mayor fortaleza electoral, y el cómputo del sufragio en el extranjero, un nicho que históricamente beneficia a Fujimori. Ante la fuerte expectativa, la ONPE ha optado por extremar la cautela y evitó fijar horarios rígidos para la emisión de sus próximos boletines oficiales.
Más allá del nombre del ganador, las matemáticas electorales confirman la profunda polarización y fragmentación política que atraviesa Perú, cuyo electorado ha quedado dividido exactamente en dos bloques ideológicos opuestos. Esta paridad es el reflejo de lo vivido en la primera vuelta de abril, donde ningún candidato logró superar el 20% de los votos, forzando un escenario de confrontación directa que hoy mantiene al país sin una mayoría clara.





