En un sistema donde la conciliación debería ser la norma, la labor humanitaria de Jenire Rodríguez Rescata se encuentra bajo ataque. Con 14 años de trayectoria ininterrumpida rescatando, sanando y encontrando hogares responsables para animales en situación de abandono o heridas, Rodríguez hoy no solo lucha contra la falta de recursos, sino contra una «justicia» que parece ignorar los derechos de los seres más vulnerables.
Lo que comenzó como un acto de amor hacia los animales se ha convertido en una resistencia diaria. Jenire ha dedicado más de una década a una labor que el Estado rara vez asume: la salud pública y el bienestar animal. Sin embargo, en lugar de recibir apoyo institucional o comunitario, se enfrenta a denuncias constantes que buscan asfixiar su refugio.
«Estoy cansada de que nadie ayude y que todos critiquen o ataquen. No es solo un techo, es salvar vidas que a nadie más le importan», afirma Rodríguez, quien ha logrado recuperar a cientos de animales que hoy gozan de una familia.
La denuncia se centra en la actuación de los Jueces de Paz de Agua Viva, El Roble, zona oeste de Barquisimeto, figuras que, por ley, deben ser imparciales y buscar la equidad. Sin embargo, en el caso de Jenire, se reporta una marcada parcialidad hacia los denunciantes, ignorando pruebas fundamentales como videos y testimonios que demuestran que los ruidos o molestias alegadas son inexistentes o están fuera de contexto.
La comunidad y el Consejo Comunal local han manifestado su apoyo a la protectora, reconociendo que su refugio cumple con normas de limpieza y convivencia. Pese a esto, el sistema de Justicia de Paz parece priorizar la intolerancia de un solo vecino por encima del bienestar colectivo y el derecho a la vida de los animales rescatados.
Los animales también tienen derechos
Es necesario recordar que en Venezuela la Ley para la Protección de la Fauna Doméstica Libre y en Cautiverio reconoce a los animales como seres que merecen protección y buen trato. La justicia no puede ser una herramienta para desahuciar a quienes no tienen voz.
Un Juez de Paz que ignora el respaldo comunitario y las leyes de protección animal no solo falta a su ética, sino que vulnera el derecho a la defensa de los ciudadanos que, como Jenire, ejercen una labor social ejemplar.
Desde SoyLarense, hacemos un llamado a la Sindicatura Municipal y a la Defensoría del Pueblo para que supervisen la actuación de estos jueces de paz. La labor de rescatistas como Jenire Rodríguez no debe ser castigada, sino protegida y multiplicada.
¿Hasta cuándo la intolerancia vecinal pesará más que la vida de un animal rescatado? Es hora de que la justicia de paz empiece a actuar con verdadera equidad, entendiendo que la convivencia también incluye respetar el derecho de los animales a existir y de los proteccionistas a salvarlos.





