El Parque Nacional Canaima, joya natural declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, enfrenta una crisis sin precedentes debido al avance descontrolado de la minería ilegal, la contaminación por mercurio y un turismo de masas sin regulación, de acuerdo con el 12.º Informe de World Heritage Watch 2026.
El documento detalla que las actividades extractivas y los incendios recurrentes están erosionando de forma acelerada el Valor Universal Excepcional que hizo merecedor a este parque venezolano de la máxima protección internacional.
Los análisis satelitales recopilados hasta finales de 2025 revelan la existencia de 148 polígonos mineros que abarcan 1.852 hectáreas dentro del área protegida. Tan solo entre 2024 y 2025 se deforestaron 300 hectáreas adicionales, incluyendo sectores tan vulnerables como la base del tepuy Chimantá.
Asimismo, la investigación documentó 49 dragas operando de manera activa en los ríos Caroní y Karuai. Este contingente de maquinaria pesada tiene la capacidad de remover millones de toneladas de sedimentos y dispersar toneladas de mercurio, un tóxico que compromete gravemente la biodiversidad local, la salud de las comunidades indígenas pemón y la estabilidad hídrica que alimenta el embalse de Guri.
A la devastación minera se suma un modelo turístico desregulado que sobrepasa la capacidad de carga en las cimas de los tepuyes, aunado a la proliferación de incendios forestales y especies invasoras.
Frente a este escenario, World Heritage Watch cuestiona la efectividad de las acciones gubernamentales, señalando que los reportes oficiales ante la Unesco restan peso a la gravedad del problema al atribuirlo a factores externos. Los expertos concluyen que, de no aplicarse controles estrictos y operativos inmediatos de saneamiento, el deterioro de este emblemático ecosistema podría volverse irreversible.





