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«Te sientes como en una película»: El desgarrador relato de un rescatista larense tras el sismo en La Guaira

Para el oficial Charles Castañeda Marín, la vida cambió en un segundo. Aquella tarde del 24 de junio, mientras cumplía labores de seguridad en el estadio Farid Richa de Barquisimeto, el suelo cedió bajo sus pies. Lo que inició como una jornada habitual se transformó, en cuestión de minutos, en la misión más difícil de sus seis años de carrera en Protección Civil Lara: asistir al epicentro del desastre en el estado La Guaira.

Con formación previa en el ámbito militar, Castañeda decidió hace años cambiar las armas por el uniforme naranja, movido por un propósito claro: «Quise cambiar mi rama para ayudar a las personas y sentirme bien conmigo mismo y agradar a Dios». Tras haber atendido emergencias en zonas como Carora, Urdaneta y Río Claro, el sismo nacional lo enfrentó a una realidad que él mismo describe como un escenario de película, marcado por la devastación y el clamor de cientos de familias.

Durante ocho jornadas extenuantes, Castañeda y el equipo larense trabajaron al límite de sus fuerzas. «Ver tantas personas que necesitan de uno… te quieres convertir en mil pedazos para ayudar allá y allá», confiesa al recordar la angustia de ver a familiares suplicando por el rescate de sus seres queridos bajo los escombros.

El momento más crítico ocurrió apenas al segundo día de operaciones. El equipo logró ubicar a una mujer de 47 años, atrapada en el sótano de un edificio residencial colapsado entre los restos de la estructura y vehículos. Aunque el supervisor del grupo, el funcionario Parra, logró establecer comunicación con ella y recibir incluso palabras de agradecimiento en medio de la oscuridad, la inestabilidad de la estructura hizo imposible el rescate. «No la pudimos sacar. Es muy difícil», relata el rescatista con la voz quebrada por la crudeza de esa pérdida.

A pesar del impacto emocional de no haber podido completar aquel rescate, Castañeda se mantuvo firme en el terreno hasta el último día. Para este héroe larense, la respuesta ante el dolor ajeno no reside en la frialdad, sino en la voluntad inquebrantable de servir.

Su experiencia en La Guaira no solo deja cicatrices, sino la convicción de que su vocación es la herramienta más poderosa ante la tragedia. Con la humildad de quien pone sus conocimientos al servicio de los demás, el funcionario reafirma que, pese a los golpes más duros, su mayor recompensa sigue siendo mantenerse firme para «ayudar lo más que pueda» a quien más lo necesite.

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