El presidente electo de Colombia, Abelardo de la Espriella, lanzó una advertencia sin precedentes contra dos de los cabecillas más buscados por las autoridades colombianas. En un encuentro con autoridades en Cúcuta, De la Espriella declaró oficialmente como objetivo militar a Róbinson Navarro Flórez, alias “Alfred” (ELN), y a Carlos Eduardo García Téllez, alias “Andrey Avendaño” (disidencias de las FARC), otorgándoles un plazo fatal de 30 días para someterse a la justicia.
“Tienen un mes para entregarse; de lo contrario, vamos a ir por ustedes y les vamos a dejar caer todo el peso de la ley y del Estado de Derecho”, sentenció el mandatario electo, marcando un tono firme en su futura estrategia de seguridad fronteriza.
La Inteligencia Militar ha puesto la lupa sobre estos dos hombres que, paradójicamente, mantienen una guerra a sangre y fuego entre sí por el control del Catatumbo desde 2025.
- Alias “Alfred” (ELN): Con 56 años y más de tres décadas en el frente de guerra Nororiental, es señalado como un actor histórico de la violencia en Norte de Santander. Su historial incluye desde fugas masivas en la cárcel Modelo de Cúcuta (2000) y masacres de civiles y religiosos, hasta ataques letales con campos minados y cilindros-bomba que han diezmado a la Fuerza Pública. Por su captura, el Estado ofrece una recompensa de $500 millones de pesos.
- Alias “Andrey” (EMBF): A sus 30 años, este cabecilla ha logrado pasar de ser un protagonista en las mesas de negociación bajo la política de “paz total” del gobierno saliente, a ser un objetivo prioritario. Es señalado por el ataque con francotirador al helicóptero del expresidente Iván Duque en 2021. Actualmente, goza de una orden de captura suspendida debido a su rol como negociador.
La confrontación entre las estructuras de “Alfred” y “Andrey” ha generado una crisis humanitaria sin precedentes en la zona del Catatumbo. El conflicto, que escaló significativamente desde el año pasado, ha dejado un saldo desgarrador: más de 100 muertos en apenas 30 días y el desplazamiento forzado de 64.000 personas, una cifra que pulveriza cualquier registro histórico desde 1997.
Con este anuncio, el presidente electo De la Espriella busca no solo frenar la violencia fratricida entre estos grupos, sino enviar un mensaje claro: la era de las concesiones parece haber llegado a su fin en su agenda de gobierno.



