A días de los sismos que sacudieron al país el pasado 24 de junio, la salud mental emerge como un desafío crítico. La psicóloga Vidmary Querales advirtió que la población aún no ha logrado dimensionar las secuelas psicológicas de la tragedia, dado que el estado de alerta constante ha impedido el procesamiento emocional de los eventos.
Tras visitar las zonas afectadas, Querales constató que la angustia es un denominador común. El miedo latente a las réplicas ha alterado rutinas básicas, llegando a niveles donde la ansiedad anula la capacidad de respuesta lógica. Según la especialista, el trauma es particularmente agudo en niños y jóvenes, quienes enfrentan por primera vez un desastre de esta magnitud.
«No podemos hablar de ciudadanos resilientes sin estabilidad mental. La atención psicológica no debe ser un elemento secundario, sino una prioridad absoluta en la agenda de emergencia», señaló la experta.
La psicóloga subrayó que, ante la crisis, la empatía es la herramienta más eficaz y no siempre requiere de técnica profesional. Querales recomendó:
- Validar emociones: Permitir que los afectados expresen su miedo sin juicios ni represiones.
- Acompañamiento básico: Priorizar el contacto humano, como un abrazo o simplemente escuchar, lo cual es vital para quienes atraviesan el duelo y la pérdida de sus hogares.
- Cuidado del rescatista: Extender este soporte emocional a los voluntarios, bomberos y personal de Protección Civil que operan en la primera línea.
Querales hizo un llamado enérgico a los medios de comunicación y a la ciudadanía sobre el manejo de la información. El consumo incontrolado de rumores y noticias no verificadas actúa como un catalizador de ansiedad, agravando el cuadro clínico de los damnificados.
La especialista instó a los difusores de contenido a filtrar y verificar la información, recalcando que la veracidad en los reportes es una herramienta fundamental de salud pública para contener el pánico colectivo en las regiones impactadas por el sismo.


