El próximo balotaje presidencial en Colombia, fijado para el 21 de junio, mantiene en vilo a los sectores comerciales y migratorios que hacen vida en la línea fronteriza. Un eventual viraje político en la Casa de Nariño amenaza con alterar el dinamismo del principal corredor terrestre binacional entre Norte de Santander y Táchira, reviviendo el fantasma de las tensiones diplomáticas del pasado.
El analista en comercio exterior y migración, William Gómez, advirtió en una entrevista para Radio Fe y Alegría Noticias que la estabilidad económica de la zona pende de un hilo. Desde la reapertura fronteriza en septiembre de 2022, el intercambio comercial formal ha movilizado más de 1.175 millones de dólares, una cifra que los comerciantes temen que se estanque si se rompen los canales de comunicación directa entre Bogotá y Caracas.
La principal fuente de incertidumbre proviene de las propuestas de Abelardo de la Espriella. El candidato de la derecha colombiana ha dejado claro que, de ganar la presidencia, no mantendrá relaciones institucionales directas con el Gobierno interino de Venezuela liderado por Delcy Rodríguez, apostando en su lugar por triangular cualquier comunicación a través de la administración de los Estados Unidos, una postura que según Gómez volvería extremadamente complejo el entendimiento bilateral.
El experto recordó el grave costo social que significó el cierre fronterizo que sufrió la región entre 2015 y 2022, un septenio donde la movilidad humana nunca se detuvo, sino que mutó hacia el uso de trochas y rutas clandestinas controladas por bandas criminales transnacionales y grupos guerrilleros. Aunque ambos aspirantes presidenciales colombianos han prometido dar continuidad a las políticas públicas de regularización para los millones de migrantes venezolanos que residen en ese país, el temor a un nuevo quiebre consular y aduanero mantiene en alerta máxima a los habitantes de la frontera.





