Una macabra trama de celos y traición sacudió al estado Aragua, culminando en la muerte de Carlos Javier Sarmiento Berríos a manos de quien fuera su compadre, Kervin Ramírez. El suceso se desencadenó cuando Ramírez, tras sospechar de un romance clandestino entre su pareja y Sarmiento, orquestó una emboscada mortal en su propia residencia.
Para ejecutar el crimen sin testigos, el victimario despachó a su esposa e hijos hacia el centro comercial Los Aviadores, asegurándose así la soledad necesaria. Bajo el pretexto de requerir ayuda para unas reparaciones domésticas, citó a la víctima en su vivienda ubicada en la localidad de San Mateo.
Una vez que Sarmiento llegó al sitio, Ramírez lo recibió con seis impactos de bala. Posteriormente, procedió a sepultar el cadáver en una fosa que había preparado previamente en las inmediaciones del patio de la propiedad.
La desaparición de Sarmiento Berríos alertó rápidamente a sus allegados, quienes consignaron la denuncia ante el Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc). Las pesquisas señalaron a Ramírez como la última persona que tuvo contacto con la víctima.
Tras ser abordado por los sabuesos policiales, Ramírez terminó confesando el crimen. Sin embargo, el desenlace del procedimiento tomó un giro violento cuando el sospechoso opuso resistencia y abrió fuego contra la comisión oficial, resultando abatido en el intercambio de disparos.





